Texto curatorial de la exhibición “Azul, azul, error“ de Ignacio Casas, Rusia Galería, Tucumán, marzo 2025
La aceleración tecnológica amplifica la divergencia intergeneracional, impulsada por la adopción masiva e inmediata de nuevas herramientas. La experiencia del mundo es radicalmente distinta para quienes vivieron la emergencia de internet en su adultez en comparación con quienes crecieron en un entorno donde la red ya estaba plenamente establecida. Los llamados "nativos digitales" perciben la realidad de manera diferente según el ecosistema tecnológico en el que se insertan: no es lo mismo haber crecido con las primeras computadoras personales y sus rudimentarios sistemas operativos que haber llegado a un mundo saturado de dispositivos de bolsillo, donde la interacción con el hardware está mediada por apps de uso intuitivo y algoritmos invisibles que buscan modelar el comportamiento del usuario.
Hoy, en pleno auge de la Inteligencia Artificial, un nuevo abismo se abre entre quienes adoptan estas herramientas y quienes sienten que han quedado "detrás de la curva" de adopción tecnológica. El uso masivo de chatbots en la escolaridad temprana augura una generación cuya relación con el lenguaje será radicalmente distinta, ya no solo respecto a la de sus padres, sino incluso a la de sus hermanos mayores. Rápidamente olvidamos cómo era vivir sin estos avances.
En este contexto histórico Ignacio Cassas investiga el estado de la mente contemporánea: los sistemas de incentivos y redes que la constituyen y moldean, sus flujos y mutaciones. Cassas recurre a la venerable técnica de la pintura y hace uso de la capacidad que tiene de hacer tangible el fuero interno de quien las realiza, atributo de las tradiciones “expresionistas” de las cuales parece abrevar el artista. Cassas produce su obra desde un ensamblaje de técnicas del pasado, del presente y del futuro: su teléfono celular permanece en mano mientras distribuye acrílico sobre los retazos de madera encontrada que utiliza como sustrato, compilando allí su interés por diversos tipos de mitología, poesía romántica, el manga seinen y la literatura universal.
Más que un ejercicio conceptual de "apropiación", la actitud con la que Cassas “samplea” personajes, colores y composiciones se inscribe en la lógica del fandom: una comunidad de entusiastas que construyen lazos a partir del afecto compartido por historias y personajes. Estas comunidades, sean en línea o presenciales, operan bajo economías alternativas basadas en la pasión y el amateurismo, donde el intercambio se expresa en likes, homenajes y celebraciones colectivas en contraste radical con la especulación financiera que suele pesar sobre las obras que se intercambian en el sistema del arte tradicional.
El resultado es una especie de magma pictórico que por momentos se condensa en figuras reconocibles aunque inestables, fantasmas atrapados en las correntadas turbulentas de la aceleración postpandémica. La pintura de Cassas evidencia ser una práctica generativa, en la cual “encuentra” figuras y formas en el nexo de su memoria, las grillas curadas de pinterest y las sugerencias que recibe de sus interacciones con ChatGPT. Con sorprendente precisión, el pincel arremolinado de Cassas configura las estrictas proporciones y trazos que hacen instantáneamente reconocibles a personajes como Asuka Langley Soryu (del anime Evangelion), Fionna (de “Adventure Time”) y a “Eva”, ya no un personaje sino una amiga IRL del artista que accedió a ser su modelo. Los rasgos y manierismos característicos de cada personaje eventualmente se distorsionan y retornan a una superficie matérica que parece ser pura energía mental. Los paisajes de Cassas continúan su evolución a la velocidad de estos tiempos, incorporando y abandonando léxicos y materialidades en procesos iterativos guiados por una intuición maquínica y sentimental.